Aquel calcetín olvidado Ahora, aunque astroso, deshilachado y viejo, soy tan feliz dando cobijo y calor a estos indefensos ratoncillos que hasta mi boca raída, aplastada y deforme intenta esbozar una sonrisa. Pero mi historia comenzó mucho tiempo atrás. Entonces ya había dejado de pensar, de idear planes, de tener expectativas. Resignado a mi suerte había renunciado a toda esperanza. Así, instalado al otro lado de la desesperación, perdí la cuenta de los días, de los meses… ¿Cuántos años colgado en esta cuerda destensada y mohosa, uncido a ella de manera permanente? Aquí todo es silencio; tan sólo el débil murmullo de las polillas al roer la madera lo perturba. Multitud de cosas inútiles me acompañan, mudas y sordas: ese cesto de mimbres destejidos, el cuadro con el cristal roto y su virgen desteñida, aquello...