Instrucciones al estilo Cortázar

 INSTRUCCIONES PARA PREPARAR CAFÉ


Es verano. Luce el sol de la tarde en el jardín, pero el calor no es exagerado. Además, el sombreado que genera la tupida parra proporciona una agradable estancia. Son cuatro amigas jugando a la brisca. Suenan seis campanadas en un reloj interior. Exactamente en ese momento, tu, la anfitriona, te levantas con suma diligencia, apartas tu silla de la mesa circular, dejas las cartas encima del tapete y exclamas autoritaria: “Es la hora del café”. Se nota que es territorio nacional español; si fuese inglés sería la hora del té.

Te diriges al interior de la casa, a la cocina; el café no se prepara en el baño. Entras en el office. Abres un armario. Extraes una cafetera de las llamadas italianas, aunque no sé por qué tienen ese nombre si en su posadera se lee “made in China”. Desenroscas el artilugio separando la parte superior de la inferior. Lo haces en el sentido contrario a las agujas del reloj. ¡Ojo! Ha de ser un reloj con agujas, no uno digital. Llenas con agua el recipiente destinado a tal fin. El agua debe ser potable, por supuesto. Rellenas con café molido tostado natural el depósito correspondiente. Encajas el mismo en el recipiente del agua y enroscas de nuevo la parte superior de la cafetera, esta vez girando en el sentido de las agujas del reloj. Reloj con agujas, por favor.


Todo el artilugio lo depositas encima del fuego, que previamente has encendido pulsando los botones correspondientes de la encimera. Pasados unos minutos hierve el líquido y suena un pitido de aviso. Apartas el recipiente. Preparas cuatro platos, otras tantas tazas, las mismas cucharillas y un azucarero con terrones de azúcar y papelinas de sacarina. También una fuente con pastas de té, perdón pastas de café. Coges la cafetera y una jarrita con leche. Trasladas todo en una bandeja a la mesa de juego y dispones un servicio para cada jugadora. Sirves el café en las tazas y dispones la jarra de leche y la bandeja de pastas en el centro de la mesa.

Concluido el receso cafetero y el piscolabis, se retira el servicio. Se reparten cartas y continua la partida. Pintan oros.

Pedro Rodríguez


“INSTRUCCIONES PARA LEVANTARSE DE LA CAMA”


No te detengas, bajo las sábanas, en recuerdos de bailes pasados; la fiesta terminó hace tiempo; le puso fin la oscuridad de la noche. La música que escuchas ahora es casi marcial, pero tú la elegiste; como una marcha militar que incita a moverte con presteza y a marcar el paso.

No te alteres; nada de violencia; basta un simple toque sobre el botón adecuado para iniciar el proceso de levantarte de la cama. Aquí van las instrucciones por si dudas cómo hacerlo. Ponte boca arriba; aparta sábanas y mantas; elige un lado de la cama; lleva una pierna hacia el suelo; tócalo con el pie correspondiente y apoya firme. Repite el mismo proceso con la otra pierna y con su pie. No te apresures y pises el pie que ya está en el suelo con el otro que llega indeciso. Estarás sentado en el borde de la cama; cuidado con armarios o mesillas, por la noche tienen la mala costumbre de agrandarse y cambiarse de lugar. Ahora levanta el culo y ponte derecho. Eso es todo. ¿Conseguido?


Paulino Carasa del Campo


                INSTRUCCIONES PARA ATARSE LOS ZAPATOS

Paulino Carasa




Empieza con ponerte los zapatos cada uno en el pie que corresponda, toma los cordones y entrelázalos como trenzas, aprieta fuerte pero sin cortar tu circulación y haz un lazo lentamente, no lo hagas con rapidez, pues te puedes atar los dedos ¡Ten cuidado con eso! Pues si te atas los dedos, ¿con qué mano te desatarás?

Por último, luego de tener el lazo hecho, fíjate en no haber olvidado colocarte antes los calcetines; y si esto se te hace muy difícil, ¡pues ponte unos mocasines!

José Gabriel Patiño




INSTRUCCIONES PARA PONER LA LAVADORA

         Conviene tener muy en cuenta la colocación de la colada dentro del tambor, repartiendo bien             el peso, para que a la hora de centrifugar no salga la susodicha disparada por el pasillo.
         Después, deposite el jabón y el suavizante con cuidado; si el cajetín no está bien ajustado hay             grave riesgo de ¡qué se lave los pies!
Y...lo más importante : no confundir los borrosos número del programador, para lo cual ya tendremos puestas las gafas de VER,  pues un error en la temperatura hará  que la lavadora se vengue de Ud. y le devuelva las prendas ¡¡con 3 tallas menos!!

Adela Gómez



Cómo montar en bicicleta.

Antes de dar comienzo a las instrucciones, conviene aclarar que es fundamental la comunión entre la máquina y el ciclista, pues cualquier descoordinación entre ambos, propiciará una pérdida de equilibrio y la consiguiente caída. Esta situación puede ser obviada, instalando esos humillantes ruedines, en el eje trasero. Pero eso ya no es una bicicleta.

Una vez establecido este principio básico, comencemos con las instrucciones, partiendo de una posición del individuo situado a la izquierda de la máquina:

Sujetaremos firmemente el manillar con ambas manos. Con el empeine del pie izquierdo, posicionaremos el pedal del mismo lado, situándolo en un ángulo de 90º con respecto al eje vertical del individuo, retiraremos levemente dicho pie, a la vez que lo elevamos, para apoyarlo con decisión sobre el mismo pedal, alzándonos sobre él, mientras, inclinando el tronco hacia adelante y realizando un pequeño impulso contra el suelo con el pie derecho, elevaremos el cuerpo, estirando hacia atrás la pierna derecha, haciéndola pasar por encima de la bicicleta mientras giramos el cuerpo, hasta situar las posaderas en el sillín y el pie derecho en el pedal del mismo lado. El impulso aplicado por el pie izquierdo, al alzarnos sobre él, habrá llevado a su correspondiente pedal hasta su posición más baja, trasmitiendo este movimiento, a través de la cadena, hasta el piñón, estratégicamente colocado en el eje motriz de la rueda trasera, con lo que, insólitamente, habremos comenzado el movimiento. Debemos continuar, aplicando una fuerza similar sobre el pedal derecho, hasta llevarlo a su posición inferior, lo que alzará el izquierdo hasta su altura máxima. Así, habremos comenzado el pedaleo. Este, el pedaleo, puede ser rápido, ligero o cadencioso, pero nunca debe interrumpirse durante tanto tiempo que haga detenerse las ruedas, pues violaríamos el principio fundamental, expresado al inicio, lo que nos llevaría a una situación de equilibrio inestable y, a la más que previsible y violenta caída a tierra.

Una vez en marcha, nunca debemos mirar la rueda delantera, miraremos siempre unos metros al frente. Allí donde miremos, irá nuestra bicicleta. Mantendremos los brazos relajados, sujetando el manillar con suavidad.     

                                                                                                    José Fco. Gómez



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