Monólogo interior
ESTACIÓN DE PASO
Paseo por el andén sin rumbo, ahora hacia un lado, ahora para el contrario. ¡Qué oscura está la noche! Y además hace mucho frío. ¡Jope, qué mal huele esta papela! Mira que tío mas sospechoso, parece un sin techo que va a abordarte de un momento a otro. Siempre hay muchos en esta estación. La sala de espera está repleta de gente siempre. Hombres recostados sobre sus maletas que tienen miedo a que se las roben si les rinde el sueño. Me hace recordar a mi abuela que tenía el miedo constante de que le robasen sus pocas pertenencias, casi todas metidas en su pequeña maleta…
Sigue haciendo un frío que paraliza hasta los huesos. Miro al legionario tumbado en otro lado del pasillo. También hay siempre legionarios, parecen repetidos. Siempre durmiendo con la botella de brandy posada al lado al alcance de su mano. Pienso en los avatares que habrá vivido y que estos no tienen miedo a los ladrones. Son tan aguerridos, la imagen misma de valor, que nadie se atreverá a meterse con ellos. No es lo mismo que nosotras, las chicas jovencitas sentadas todas juntas, apretadas en un solo banco. ¡Qué curioso que sea a los mas débiles a los que se ataca antes! Según mi abuela debería ser al revés, deberíamos ser las mas protegidos. ¡No se lo cree ni ella! ¿Ves? Mira la chica del abrigo rojo, la que pasa por delante con paso seguro, contundente, con una seguridad que probablemente no tenga. O al señor mayor, calvo. Camina con desgana, con paso cansado, todo le da igual. A él si le pasa pronto el tiempo, pienso, pero no sé si es el tiempo de espera del tren o el tiempo restante de vida. ¡Uff, Dios mío, esta espera es infinita! Vaya, otra vez la pestilente papelera, la niebla en las dos bocas de la estación, el frío, el señor que arrastra los pies, el legionario que se ha dado la vuelta y vomitado en el suelo. ¡Qué asco! Una monja del primer pasillo me mira constantemente, me sonríe incluso. No sabe que no tengo nada en común con ella, o sí…No estoy segura del todo. Son las 5 de la mañana. Ya llega mi tren. Menos mal que avanzamos un poco. Ahora solo nos quedan seis horas de viaje, pero el entorno es otro. Podré conjeturar con otros viajeros, otros ambientes y, sobre todo, otros paisajes.
Juana Poo
WHY DO I DO THIS EVERYDAY?Todavía martillea en mis oídos el odiado sonido del despertador. El café apresurado mientras me pongo camisa y corbata no despeja mis dudas ni mis pesadillas. ¿Por qué hago esto cada día? Y cada día vuelvo a este andén, envuelto, como cada día en esa neblina fantasmal del amanecer. Cada día me encuentro con las mismas escasas personas; las mismas y, sin embargo, desconocidas siempre. La muchacha de párpados caídos, de sueño, supongo; el mendigo que en vano extiende su mano vacía y sucia. Cada día, un necio o ignorante o aburrido… me molesta con la misma pregunta. Como cada día, “que sí, que el tren llega a las 6,50”, contesto con desgana.
Pero ya son las siete; otra vez tarde y no soporto a ese jefe estúpido y engolado que me recibe con sonrisa acusadora y maliciosa… Dios, el gas ¿lo desconecté o no? Maldigo las prisas y esta locura diaria que acaba conmigo lenta e inexorablemente. Necio, gasto la vida en inútiles empeños, en absurdos desvelos, en preocupaciones sin futuro. Ese tren…las 7,10; no me aguanto tengo que pasar al servicio…Y los documentos, ¿los dejé ayer en la oficina o los he olvidado en casa?... Por fin, renqueante, como cada día, aparece el tren con ese silbido asmático que tanto me deprime; hace que se agolpen en mi cabeza todos los tiempos perdidos, las madrugadas de cada día, los disgustos, los agobios, las miradas acusadoras, las medias sonrisas desconfiadas, las soledades, las rutinas… Y otra vez, como cada día, martillea en mi cerebro la misma pregunta. ¿por qué hago esto cada día?... Y decido no subir al tren.
ESPERANDO AL TREN
No he tenido tiempo de afeitarme He dormido mal Y se me quema la tostada y el café estaba frío Tendría que acostumbrarme a ir a la cama más temprano… Mira aquel tío como se ríe con el móvil en la mano ¿qué estará viendo…? Vendrá el tren a su hora o tendremos que esperar últimamente cada día funcionan peor y confiemos que no caiga la catenaria y nos trasladen en autobús
Vaya ahora me suena el móvil con un wasap ¿quién será? pues ya lo miraré ahora no me apetece ni tengo ganas además será alguna compañía eléctrica o telefónica qué pesados son la verdad Que no se me olvide llamar a mi madre para que me prepare comida me va de maravilla porque me llevo unos táper y tengo para unos días Ah y también tengo que llamar a Julio para quedar no sé si habrá conseguido entradas para el concierto Por allí viene el Mortadelo voy a hacerme el despistado que hoy no tengo ganas de charla además es un sabelotodo que ya me cansa Voy a sentarme un rato y a ver si llega el tren de una vez Cómo estará hoy el jefe ayer no había quien lo aguantara hay días que parece que desayuna vinagre la verdad en fin que esté como quiera yo a mi curro y que pase el día ya viene el tren y a su hora habrá que celebrarlo.
Pedro Rodríguez
UNA MUJER ESPERA EL TREN PARA IR A TRABAJAR
El silbido del tren se mezcla con el murmullo de la estación. Ella está en el andén, con las manos en los bolsillos de su abrigo. El aire frío le acaricia el rostro, pero no siente nada. Su mente es un torbellino de pensamientos que giran y giran.
¿Por qué estoy aquí? ¿Qué espero? me pregunto si realmente hay algo al final de este viaje que valga la pena. El tren es solo un medio, un simple vehículo que me llevará a mi nuevo trabajo, pero mi mente está atrapada en este instante, rostros desconocidos cada uno sumido en sus propias historias. Miro a mi alrededor: un hombre lee un libro, una pareja murmura entre risas, un niño juega con su juguete, una mujer frente a mí hojea una revista. Algunos ríen, otros parecen preocupados; todos tienen una razón para estar allí.
El reloj de la estación avanza, tal vez debería haberme quedado en casa, pero algo me empuja hacia adelante ¿Y si este tren me lleva a un sitio mejor?
El sonido del tren se convierte en una melodía familiar. Al final del viaje puedo encontrar nuevas amistades, oportunidades inesperadas. Pero también me asusta lo desconocido. ¿Y si nunca encuentro mi lugar? No puedo dejar que esos pensamientos me detengan, este es solo un capítulo más. El tren se acerca, frena suavemente. Allá voy.
SEGUNDA VERSIÓN
¿Por qué estoy aquí? ¿Qué espero? ¿Habrá algo al final de este viaje que valga la pena? El tren no es más que un vehículo que me llevará a mi nuevo trabajo. Ese hombre parece ensimismado en el libro que está leyendo; qué feliz se ve a esa pareja, por sus risas seguro que están murmurándose sus intimidades, Y ese niño con su juguete, su abuela parece estar hojeando la revista pero no deja de vigilar cada uno de sus movimientos. Qué cotilla soy, me gustaría saber la razón de cada uno para estar aquí
Cómo corre el reloj, tal vez debería haberme quedado en casa, pero puede que este tren me lleva a un sitio mejor
Ya viene, esa melodía es inconfundible. Al final del viaje puedo encontrar nuevas amistades, oportunidades inesperadas. Pero también me asusta lo desconocido. ¿Y si nunca encuentro mi lugar? No puedo dejar que esos pensamientos me detengan, este es solo un capítulo más. El tren llega junto a mí, frena suavemente, se abren las puertas. Allá voy.
José Francisco Gómez García
CARLOS, CAMINO DEL TRABAJO
En una mañana lluviosa, Carlos, un joven confeccionista de ropa con trastorno obsesivo-compulsivo, está a la espera del tren para ir a trabajar, cuando de la nada y como de costumbre tiene un ataque de pensamientos intrusivos.
¿Y si al venir el tren me arrojo a las vías? ¿Será que me moriré? ¿Me dolerá? ¿Y me moriría por el golpe o como está lloviendo a lo que él tren me toque me electrocutará? Tengo los zapatos empapados. ¿Será que al llegar al trabajo, si enciendo la máquina con los pies, me dará un choque eléctrico y me matará?
Tengo que terminar las camisas que empecé a coser ayer, si no las termino hoy pierdo mi trabajo. Tengo que sentarme en el último vagón porque si el tren se estrella con otro tren, seré la última persona en recibir el impacto y quizás quede vivo. ¿Será que hoy me muero? ¿Será que hoy no me muero?
José Gabriel Patiño.
¡ Qué "pesaos" ! No paran de opinar en el chat.
No soporto tanto ruido. ¡ Porque esto no es música!
Tendré bronca con Blanca , menudas paranoias se monta ella sola...
Ufff ¡cómo llueve! Qué pereza me da ir ahora a Santander en el tren ...No tenía que haber comentado lo de la exposición.
¡Se puede ganar!Tengo que buscar en Google cómo se hace una herencia a beneficio de inventario y
enviárselo a Leonor...
Adela Gómez




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